Si tu fisioterapeuta te ha hablado de la diatermia, es normal que antes de nada quieras entender qué es exactamente, cómo actúa sobre el tejido y en qué se diferencia de otras técnicas de electroterapia. En Pilar Huertas Fisioterapia y Osteopatía aplicamos el tratamiento de diatermia en nuestra clínica de Elche para distintas lesiones musculoesqueléticas y procesos de rehabilitación, y en este artículo repasamos la base: su definición, su mecanismo de acción, la diferencia entre sus modalidades capacitiva y resistiva, sus efectos fisiológicos, para qué se utiliza y qué dice la evidencia científica al respecto.
¿Qué es la diatermia?
La diatermia (del griego, «a través del calor») es una técnica de electroterapia de alta frecuencia que se utiliza en fisioterapia para generar calor en profundidad en los tejidos, con el objetivo de acelerar la recuperación de lesiones musculoesqueléticas. También se la conoce como tecarterapia, un término que hace referencia a la Transferencia Energética Capacitiva y Resistiva, sus dos modalidades de aplicación.
Los médicos vienen aplicando la diatermia desde principios del siglo XX como forma de obtener efectos térmicos profundos y controlados en el cuerpo humano. Desde entonces la tecnología ha evolucionado de forma notable, mejorando su seguridad y ampliando sus formas de aplicación, hasta convertirse en una herramienta habitual en fisioterapia, medicina del deporte y rehabilitación.
¿Cómo funciona la diatermia? Calor profundo por radiofrecuencia
La electroterapia se clasifica, de forma general, según la frecuencia a la que trabaja cada aparato: baja frecuencia (entre 0 y 1.000 Hz, como las corrientes TENS), media frecuencia (entre 1.000 y 10.000 Hz, como las interferenciales) y alta frecuencia, desde los 10.000 Hz hasta el límite con los rayos infrarrojos. Es en esta última franja donde se sitúa la diatermia, en sus dos variantes capacitiva y resistiva.
A diferencia de otras técnicas que generan calor de forma superficial, la diatermia produce hipertermia en profundidad. Las ondas electromagnéticas de alta frecuencia interactúan con los tejidos biológicos y provocan una transferencia de energía sin movimiento ni contracción muscular. Es importante aclarar que ese calor no lo genera el aparato: es el propio tejido el que reacciona a los cambios metabólicos inducidos por la corriente y produce el aumento de temperatura, un concepto que se conoce como endotermia. El efecto térmico concreto depende de varios parámetros —la frecuencia, la intensidad, el área de aplicación y el tiempo de exposición— que el fisioterapeuta ajusta según el tejido y la fase de la lesión.
Ese calor en profundidad desencadena, a su vez, una serie de efectos bioquímicos: mejora la permeabilidad de la membrana celular, favorece los intercambios iónicos y aumenta la microcirculación mediante vasodilatación, lo que a su vez mejora la reabsorción venosa y linfática. También se ha observado que estimula la proliferación de fibroblastos, las células responsables de generar colágeno, un paso clave en la reparación y regeneración del tejido dañado.
Diatermia capacitiva y resistiva: dos modalidades
El tratamiento con diatermia se aplica mediante un electrodo activo, que maneja el fisioterapeuta, y un electrodo neutro o de retorno, que permanece fijo sobre otra zona del cuerpo durante toda la sesión. Según el tipo de electrodo activo que se utilice, hablamos de dos modalidades, cada una indicada para un tipo de tejido distinto.
Diatermia capacitiva
El electrodo capacitivo está recubierto de una capa aislante que actúa como medio dieléctrico. Por eso su efecto se concentra en los tejidos más superficiales y con mayor contenido en agua —de baja impedancia—, como el tejido adiposo, la musculatura, el cartílago o el sistema linfático. Para aplicarlo se necesita siempre una crema o gel conductor entre la piel y el electrodo.
Diatermia resistiva
El electrodo resistivo, en cambio, no lleva capa aislante: es de acero inoxidable, por lo que la energía atraviesa los tejidos con más facilidad hacia el electrodo neutro. Esto hace que actúe sobre el tejido más profundo y de mayor resistencia —bajo contenido en agua—, como los huesos, la musculatura profunda, las cápsulas articulares o los tendones.
Efectos fisiológicos según la intensidad aplicada
Los efectos que produce la diatermia en el tejido varían según la intensidad y la sensación térmica que genera, algo que el fisioterapeuta regula en cada sesión según la fase de la lesión:
- Bioestimulación. En fases agudas o procesos inflamatorios se suele trabajar sin apenas incremento de temperatura, favoreciendo el drenaje de la zona tratada.
- Vascularización. En fases subagudas y procesos de cicatrización se busca un leve aumento de temperatura que mejora la oxigenación de los tejidos.
- Hiperactivación. Con intensidades más altas se busca un efecto térmico más evidente, con mayor flujo sanguíneo y dilatación de los vasos, útil en procesos más crónicos.
En todos los niveles el tratamiento tiene un efecto analgésico y antiinflamatorio, y la intensidad se adapta siempre a la sensación térmica de cada persona, no a un valor estándar por patología.
¿Para qué se utiliza la diatermia? Aplicaciones en fisioterapia deportiva y rehabilitación
En el ámbito deportivo, la diatermia se utiliza tanto para mejorar el rendimiento —al acelerar la recuperación entre sesiones de entrenamiento y permitir asumir mayor carga— como para acortar los tiempos de recuperación tras una lesión.
En fisioterapia general, sus principales efectos son el alivio del dolor y de la inflamación, y la relajación de la musculatura, tanto la lisa como la estriada, gracias a su acción sobre las motoneuronas y el sistema nervioso. Por eso se valora habitualmente en:
- lumbalgias, cervicalgias y dorsalgias;
- tendinitis y tendinosis;
- bursitis;
- esguinces agudos y crónicos;
- contracturas, elongaciones y roturas musculares;
- artrosis y artritis;
- síndrome de hombro doloroso;
- hematomas y fracturas;
- roturas fibrilares o desgarros musculares.
En procesos de rehabilitación también puede formar parte del tratamiento antes y después de una intervención de tipo traumatológico u ortopédico, por ejemplo para favorecer la reabsorción de un hematoma antes de operar o para controlar la inflamación durante la recuperación posterior. Como con cualquier técnica, su indicación depende de una valoración individual: no es una solución automática para cualquier dolor.
Diatermia y radiofrecuencia: ¿son lo mismo?
Es habitual confundir la diatermia con la radiofrecuencia, ya que ambas trabajan con corrientes de alta frecuencia, pero no son la misma técnica. La radiofrecuencia, en su uso más extendido, actúa de forma más superficial. La diatermia, en cambio, está diseñada para llegar a la dermis profunda y a los tejidos subyacentes, generando el calor desde el interior del propio tejido —el fenómeno de endotermia que explicábamos antes— en lugar de aplicarlo desde el exterior. Esa diferencia de profundidad es la que explica que la diatermia se emplee tanto en fisioterapia musculoesquelética, para llegar a músculos, tendones y estructuras profundas, como en otros contextos que comentamos más abajo.
¿Qué dice la evidencia científica sobre la diatermia?
La diatermia ha sido objeto de numerosos estudios en distintas patologías musculoesqueléticas. Hay trabajos publicados que documentan mejoría en cervicalgias y lumbalgias, en la rehabilitación del bíceps femoral y el cuádriceps, en la flexibilidad y elasticidad muscular, y en el dolor pélvico crónico. También se ha documentado una reducción del dolor patelofemoral y mejoría funcional en la artrosis de rodilla, y en personas con fibromialgia, disminución del dolor y mejora de la calidad de vida. Otros estudios señalan una reducción del volumen del edema en el linfedema de miembros inferiores, mejor recuperación tras la cirugía de reconstrucción del ligamento cruzado anterior, y beneficios en el dolor y la sensación táctil de pacientes diabéticos con neuropatía periférica. A nivel general, se ha observado que aumenta la perfusión de la microcirculación de la piel y del músculo, lo que se traduce en mayor aporte de nutrientes y oxígeno a los tejidos, sin elevar en exceso la temperatura superficial.
Como con cualquier tratamiento, esta evidencia respalda su uso como una opción eficaz dentro de un abordaje individualizado —nunca como una solución garantizada para todos los casos— y siempre conviene que sea un profesional sanitario quien valore si es la técnica adecuada para cada situación.
Además de su uso en fisioterapia musculoesquelética y deportiva, la diatermia también se aplica —con parámetros y objetivos distintos— en el ámbito estético facial y corporal, así como en la recuperación tras determinadas intervenciones de cirugía plástica, apoyándose en su efecto sobre la circulación y la producción de colágeno. Si es ese el uso que te interesa, puedes consultar nuestro artículo sobre diatermia facial en Elche: opiniones y resultados reales. Si lo que buscas es tratar una lesión musculoesquelética o acelerar tu recuperación deportiva, en Pilar Huertas Fisioterapia y Osteopatía valoramos tu caso de forma individual antes de recomendar cualquier tratamiento.
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